contador de visitas
"Ninguna persona tiene derecho alguno, en ningún caso, a perjudicar a otra persona por sus creencias religiosas o ateas.Si vamos a vivir juntos en este planeta, debemos aprender un tipo de tolerancia que sea absolutamente vital para la convivencia como seres humanos civilizados."

06 agosto 2012

Amadeo I – 1870-1873.

Fue Amadeo el primer rey de España elegido en un Parlamento, lo que para los monárquicos de siempre suponía una grave afrenta. El 16 de noviembre de 1870 votaron los diputados: 191 a favor de Amadeo de Saboya, 60 por la República federal, 27 por el duque de Montpensier, 8 por el anciano general Espartero, 2 por la República unitaria, 2 por Alfonso de Borbón, 1 por una República indefinida y 1 por la duquesa de Montpensier, la infanta María Luisa Fernanda, hermana de Isabel II; hubo 19 papeletas en blanco. De este modo el presidente de las Cortes, Manuel Ruiz Zorrilla, declaró: «Queda elegido Rey de los españoles el señor duque de Aosta».

Contó con el sistemático rechazo de carlistas y republicanos, cada uno por razones inherentes a sus intereses; pero también de la aristocracia, borbónica, que lo veía como un extranjero advenedizo, de la Iglesia, por apoyar las desamortizaciones y por ser el hijo del monarca que había clausurado los Estados Pontificios; y también del pueblo, por su escaso don de gentes y dificultad para aprender el idioma español
La llegada de Amadeo al poder lo único que consiguió fue unir a toda la oposición, desde republicanos a carlistas.

Amadeo tuvo grandes dificultades debido a la inestabilidad política española. La coalición de gobierno que había levantado Juan Prim se había fraccionado tras su muerte. La Unión Liberal, salvo Francisco Serrano y un pequeño sector, abrazó la aún expectante causa borbónica. Los progresistas se habían escindido en radicales, dirigidos por Ruiz Zorrilla, y constitucionalistas, encabezados por Sagasta.[1] Hubo seis ministerios en los poco más de dos años que duró su reinado, creciendo cada vez más la abstención, Tras un intento de asesinato contra su persona el 19 de julio de 1872, Amadeo I declaraba su angustia ante las complicaciones de la política española «Ah, per Bacco, io non capisco niente. Siamo una gabbia di pazzi — No entiendo nada, esto es una jaula de locos». La situación no parecía mejorar, debido al estallido de la Tercera Guerra Carlista y del recrudecimiento de la Guerra de los Diez Años en Cuba. Además, al empezar 1873, la coalición gubernamental, presa de fuertes fricciones entre los partidos que la conformaban, se separó definitivamente, presentándose por separado a las elecciones.[1]

La guinda la puso un conflicto entre Ruiz Zorrilla y el Cuerpo de Artilleros. El presidente había manifestado su decisión firme de disolver dicho organismo militar, bajo amenaza de dimitir, y el ejército propuso a Amadeo I que prescindiera de las Cortes y gobernara de manera autoritaria.[2]

La tradición madrileña asegura que al mediodía del 11 de febrero de 1873 al rey Amadeo I le comunicaron su «despido» mientras esperaba su comida en el restaurante del Café de Fornos; de inmediato, anuló el pedido, pidió una grappa, recogió a su familia, renunció al trono[3] y, sin esperar la autorización de los diputados (según exigía el artículo 74.4 de la Constitución de 1869), se refugió en la embajada italiana. Decía en su discurso de renuncia:

Dos años largos hace que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles; todos invocan el dulce nombre de la patria; todos pelean y se agitan por su bien, y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible afirmar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar remedio para tamaños males. Los he buscado ávidamente dentro de la ley y no los he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla.

Ese mismo día, Congreso y Senado se unieron juntos a deliberar (contraviniendo el artículo 47 de la Constitución) y, a pesar de los intentos de Ruiz Zorrilla por pedir tiempo para convencer al monarca de que regresara, una alianza entre republicanos y parte de los radicales (mayoría) dio por válida la renuncia al trono y se proclamó la Primera República Española.[4]

Partidos monárquicos y dinásticos que hasta entonces se habían turnado en el gobierno: el partido radical de Manuel Ruiz Zorrilla y el partido constitucional de Práxedes Mateo Sagasta. Junto a la abrumadora mayoría monárquica se sentaba en la Asamblea Nacional una minoría republicana, muy dividida entre federales y unitarios. Uno de ellos, el federalista Francisco Pi y Margall, presentó a la Asamblea la siguiente proposición:

La Asamblea Nacional asume los poderes y declara como forma de gobierno la República, dejando a las Cortes Constituyentes la organización de esta forma de gobierno.

Pi y Margall, en su defensa de la propuesta —de la que era firmante junto con Figueras, Salmerón y otros diputados—, aunque se reafirmaba como federalista, renunciaba en ese momento a imponer como forma de gobierno la República federal con la esperanza de que fueran las Cortes Constituyentes que debían convocarse quienes la declararan, y anunciaba su acatamiento a otra decisión distinta si así se adoptaba democráticamente. Emilio Castelar subió al estrado y pronunció este discurso:

Señores, con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra patria.

Tras el elocuente discurso de Castelar, entre encendidos aplausos, fue proclamada la República Española, con la resignación de los monárquicos, por 258 votos a favor y sólo 32 en contra:
La Asamblea Nacional resume todos los poderes y declara la República como forma de gobierno de España, dejando a las Cortes Constituyentes la organización de esta forma de gobierno. Se elegirá por nombramiento directo de las Cortes un poder ejecutivo, que será amovible y responsable ante las mismas Cortes.
En esta misma sesión, se eligió el primer gobierno de la República. El republicano federal Estanislao Figueras resultó elegido "Presidente del Poder Ejecutivo" (jefe de Estado y Gobierno) y no "Presidente de la República" pues nunca se llegó a aprobar la nueva Constitución que creaba ese cargo; en su discurso, dijo que la llegada de la República era «como el iris de paz y de concordia de todos los españoles de buena voluntad».

La aprobación de esas resoluciones sorprendió y desconcertó a toda España, ya que en las Cortes, elegidas pocos meses antes, los republicanos eran una minoría. Ruiz Zorrilla afirmaba en plena Asamblea:

Protesto y protestaré, aunque me quede solo, contra aquellos diputados que habiendo venido al Congreso como monárquicos constitucionales se creen autorizados a tomar una determinación que de la noche a la mañana pueda hacer pasar a la nación de monárquica a republicana.

Para muchos, dada la imposibilidad de restaurar a Isabel II y la juventud del futuro Alfonso XII, la República es la única salida posible, aunque sólo sea como medida provisional, en razón del fracaso inevitable que la aguarda.

Fuente:
Wikipedia

REVOLUCION GLORIOSA 1868 1870 - YouTube

www.youtube.com/watch?v=yW1hE9Y8QTI27 Feb 2011 - 11 min - Subido por Gundisalvi
Loading comment... Loading... Advertisement. TEMA 5 -El Sexenio Democrático 1868-1874.wmv 32:18 ...

04 agosto 2012

     Isabel II - 1830- 1904.    

             Isabel II de Borbón,  nació del cuarto matrimonio de Fernando VII. (Madrid, 10 de octubre de 1830París, 9 de abril de 1904)[1] fue Reina de España entre 1833 y 1868, tras la derogación de la Ley Sálica por medio de la Pragmática Sanción, lo que provocó la insurgencia del infante Carlos, apoyado por los grupos absolutistas (los carlistas) que ya habían intentado proclamarle rey en la agonía de Fernando VII.

Cuando Isabel II contaba 16 años, el Gobierno arregló un matrimonio con su primo, el infante don Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz. Los cónyuges eran primos carnales por vía doble, pues el padre de él, el infante Francisco de Paula, era hermano de Fernando VII, mientras que su madre, Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, era hermana de la regente María Cristina.
           
Isabel II reinó durante un período de transición en España en el que la monarquía cedió más poder político al parlamento, pero puso continuas trabas a la participación de los ciudadanos en asuntos de gobierno.

Fácilmente manipulada por sus ministros y por la «camarilla» religiosa de la corte (compuesta principalmente por el padre Claret, su confesor, el padre Fulgencio, confesor de su marido, y sor Patrocinio), la Reina interfería con frecuencia en la política de la nación.

El 2 de febrero de 1852, el cura Martín Merino y Gómez intentó acabar con la vida de la Reina clavándole un estilete en el costado, cuando ésta se encontraba en la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, poco después de haber dado a luz a su hija Isabel. La reina se recuperó en pocos días y el cura fue ejecutado tras un rápido juicio en el que se dictaminó que había actuado en solitario y por iniciativa propia.

Isabel II reabrió las Universidades cerradas por su padre, pero el panorama educativo de su reinado también resultaba desolador: en 1855 había en España 6.000 pueblos sin escuela, en 1858 existían sólo 53 institutos de secundaria, con unos 10.000 alumnos (cinco veces menos que en Francia, con la mitad de población), y había sólo 6.104 alumnos en las diez universidades españolas (Oviedo y Salamanca tenían 100 en sus cuatro facultades); más de la mitad (3.472) estudiaba Derecho. Los equipamientos culturales eran muy pobres: en 1859 había en España 56 bibliotecas públicas, el único punto de acceso al libro de la mayoría de sus habitantes. La de Bilbao disponía sólo de 854 volúmenes impresos; la de Santander, de 610; la de Segovia, de 194; la de Huelva, de 60. Las únicas mejoras que se intentaron en la enseñanza, como las del grupo de docentes formado en torno a Julián Sanz del Río, inspiradas en el krausismo, no fueron toleradas: la reacción neocatólica que supuso el Syllabus del Papa Pío IX llevó al ministro Manuel Orovio Echagüe (1867) a poner trabas a la libertad de cátedra y a exigir manifestaciones de adhesión a la Reina que acabaron con la expulsión de la universidad de esos profesores.

La Reina [] tuvo que hacer frente a la Revolución de 1868 (conocida como La Gloriosa),[6] que la obligó a abandonar España. Isabel II se exilió en Francia, donde recibió el amparo de Napoleón III y Eugenia de Montijo; el 25 de junio de 1870 abdicó en París en favor de su hijo, el futuro Alfonso XII. Mientras tanto, gracias al apoyo de varios grupos en el gobierno, el príncipe Amadeo de Saboya, miembro de la Familia Real italiana, fue elegido para reemplazarla en el trono como Amadeo I de España; Amadeo era hijo de Víctor Manuel II, Rey de Italia desde 1861 y perteneciente a la Casa de Saboya, y de María Adelaida de Austria (bisnieta de Carlos III de España).

Isabel II vivió el resto de su vida en Francia; desde allí fue testigo de la Primera República, del reinado y de la muerte de su hijo Alfonso XII en 1885, de la regencia de su nuera, María Cristina de Habsburgo-Lorena y del inicio del reinado personal de su nieto, Alfonso XIII. Isabel II murió en París en 1904 y fue enterrada en el Monasterio de El Escorial.

Fuente:
Wikipedia

  • TEMA 5 -El Sexenio Democrático 1868-1874.wmv - YouTube

    www.youtube.com/watch?v=RsxGUgqh4bo16 Oct 2011 - 32 min - Subido por maraldi401.- La Revolución de 1868. (00:00-10:57) 2.- La Constitución de 1869. (10:57-12: 30) 3.- El reinado de Amadeo ...
  • 02 agosto 2012

    AVATARES DE LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ

    Fernando VII. de Borbón el deseado, pronto se reveló como un soberano absolutista Entre 1814 y 1820 restauró el absolutismo derogando la Constitución de 1812 y persiguió a los liberales. Tras seis años de guerra, el país y la Hacienda estaban devastados, y los sucesivos gobiernos fernandinos no lograron restablecer la situación.
    Los absolutistas como grupo político
    El grupo político de los absolutistas españoles durante el siglo XIX (desde las Cortes de Cádiz hasta la configuración del carlismo); fue designado de forma peyorativa con el término serviles, especialmente por sus adversarios, los liberales españoles.[7] También se utilizaba el término realistas.[8] En el debate público entre liberales y absolutistas que se producía en la prensa gaditana y en libelos de contenido político editados en la misma ciudad, destacaron por el lado absolutista Francisco Alvarado, motejado el filósofo rancio, y María Manuela López de Ulloa.[9]
    El documento presentado a Fernando VII de España en 1814 por 69 diputados absolutistas de las Cortes de Cádiz (el Manifiesto de los Persas, posiblemente redactado por su primer firmante, Bernardo Mozo de Rosales -Marqués de Mataflorida-, aunque también se ha supuesto la intervención de Juan Pérez Villamil o de Pedro Gómez Labrador), puede considerarse la explicitación del absolutismo español como ideología política. Entre sus representantes estaría la mayor parte del clero de la época: encabezado por Pedro de Quevedo y Quintano (Obispo de Orense e Inquisidor General), que al jurar la Constitución de Cádiz lo hizo acompañando el juramento de tales protestas que fue sancionado duramente por ello.
    Otros destacados absolutistas fueron el obispo Víctor Damián Sáez (confesor del rey), el canónigo Juan Escóiquiz, los militares Francisco Javier Castaños, Luis Rebolledo de Palafox (hermano del general Palafox destacado en los sitios de Zaragoza, pero de orientación política opuesta),[10] Luis Fernández de Córdova (que realizó un intento fracasado de sublevación militar durante el Trienio Liberal y volvió a España con la expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis), Francisco Chaperón, Vicente González Moreno, Francisco de Eguía y Nazario Eguía o el aristócrata Francisco Tadeo Calomarde (duque de Santa Isabel).

    1820 un pronunciamiento militar dio inicio al llamado Trienio Liberal, durante el cual se restablecieron la Constitución y los derechos de Cádiz, produciéndose una nueva desamortización. A medida que los liberales moderados eran desplazados por los progresistas, el rey, que aparentaba acatar el régimen constitucional. Conspiraba para establecer el absolutismo, lo que se logró tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823.
    La última fase de su reinado, Fernando VII se caracterizó por una feroz represión contra los progresistas, acompañada de una política absolutista moderada o incluso liberaldoctrinaria que provocó un profundo descontento en los círculos absolutistas, que formaron partido en torno al infante Carlos. A ello se unió el problema sucesorio, sentando las bases de la Primera Guerra Carlista, que estallaría con la muerte de Fernando y el ascenso al trono de su hija Isabel II no reconocida como heredera por su tío el infante Carlos.
    Fue un periodo de persecución de los liberales, los cuales, apoyados por parte del ejército, la burguesía y organizaciones secretas como la masonería, intentaron sublevarse varias veces para establecer la Constitución.
    En enero de 1820 estalló una sublevación entre fuerzas expedicionarias que debían partir para América para garantizar la permanencia de las colonias en manos de España.
    Aunque este pronunciamiento, encabezado por Rafael de Riego no tuvo al éxito necesario el gobierno tampoco fue capaz de sofocarlo y poco después, una sucesión de sublevaciones obligó a Fernando VII a jurar la Constitución en Madrid el 10 de marzo de 1820 con la histórica frase:

    << Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional>>.

    Trienio Liberal (trienio liberal ), o Constitucional (1820-1823) 

    Periodo intermedio de los tres en que se divide el reinado de Fernando VII, posterior al sexenio absolutista y anterior a la Década Ominosa.
    La inestabilidad política causada por la latente desafección del monarca al régimen constitucional y por los conflictos causados por la rivalidad entre liberales moderados, partidarios del equilibrio de poderes entre Cortes y Rey previsto en la Constitución de 1812; y progresistas, partidarios de redactar una nueva Constitución (que sería de 1820) que dejara clara la sumisión del ejecutivo al legislativo, y del rey a la soberanía nacional, además de propugnar una apertura mayor de las libertades y reformas sociales (algunos de ellos, minoritarios eran declaradamente republicanos).
    Los gobiernos iniciales fueron  formados por los liberales moderados. Tras las segundas elecciones, que tuvieron lugar en marzo de 1822, las nuevas Cortes, presidida por Riego, estaban claramente dominadas por los progresistas. En julio de ese mismo año, se produce una maniobra del rey para reconducir la situación política a su favor utilizando el descontento en la Plaza Mayor de Madrid. (7 de julio). Se forma entonces un gobierno de progresistas encabezado por Evaristo Fernández de San Miguel (6 de agosto).
    Los enfrentamientos entre liberales moderados, Masonería, Sociedad del Anillo, y la Sociedad de los Caballeros comuneros (liberal progresista) se escindieron al principio de 1823 en dos sociedades independientes, una moderada y otra progresista. Estos enfrentamientos intestinos también eran atizados por el propio monarca, que al mismo tiempo negociaba en secreto con la Santa Alianza la invasión de España, y aprovechaba el descontento de algunas unidades militares afines (como la Guardia Real) y la formación de algunas zonas de guerrillas absolutistas, formadas por campesinos descontentos por la política liberal (la frustración por la política de reconocimiento de la propiedad a los señoritos). La quiebra de la Hacienda, imposibilitó más todavía la afectada realización de una revolución liberal profunda en la sociedad española.
    En 1823 la Santa Alianza (Prusia, Austria, Rusia y la recién sumada Francia) decide en el Congreso de Verona (22 de octubre de 1822) acudir en ayuda del Borbón español. Fruto de esa ayuda es el envío de los <<Cien Mil Hijos de San Luis>> (95.000 hombres del ejército francés, bajo el mando de Luis Antonio de Borbón. Acorralaron a las fuerzas liberales, que retrocedieron hasta Cádiz junto con el gobierno y el propio rey, que en la práctica era su rehén.
    Fernando VII repuesto en el poder abrió la etapa llamada Década Ominosa (1823-1833) en que el <<Deseado>> restauró el absolutismo. Casi toda la intelectualidad del país tuvo que exiliarse. Los que quedaron tuvieron que sufrir un proceso de depuración o fueron ajusticiados o marginados.
    Se produjo una durísima represión de los elementos liberales acompañada del cierre de periódicos y universidades, se restablecieron los privilegios de los señoríos y mayorazgos, con la única excepción de la supresión de la Inquisición.
     Al mismo tiempo se registraron levantamientos absolutistas instigados por el clero y por los partidarios del infante Carlos hermano de Fernando VII que se perfilaba como sucesor.
    Reconocida a Isabel II como heredera de Fernando VII se manifiestan con gran disgusto los partidarios  de don Carlos, el hermano del rey. Fernando murió en 1833 sin hijos varones. María Cristina su esposa nombrada regente durante la grave enfermedad del rey (la heredera Isabel apenas tenía tres años en ese momento), inició un acercamiento hacia los liberales y concedió una amplia amnistía para los liberales exiliados. Prefigurando el viraje político hacia el liberalismo que se produciría a la muerte del rey.
    María Cristina de Borbón reina de España por su matrimonio con el rey Fernando VII en 1829 y regente de España, entre 1833 y 1840, durante una parte de la minoría de edad de su hija la reina Isabel II de España.
    Como regente del reino hizo necesarias contribuciones sociales, como el auxilio que procuró a la costa onubense en 1834 después de una epidemia de cólera. En agradecimiento, el ayuntamiento de la Real Isla de la Higuerita solicitó y obtuvo su cambio de denominación a Isla Cristina.
    También contaba con enemigos, siendo el más famoso su tío y cuñado Carlos de Borbón quien, negándose a acatar la Pragmática Sanción de 1830, afirmaba ser el legítimo heredero al trono, e inició la que se conoce como Primera Guerra Carlista que finalizó en 1839 con el abrazo de Vergara.
    Tras varios intentos de conciliar las tendencias políticas entre liberales y moderados, María Cristina se vio obligada a ceder la regencia a Baldomero  Espartero (1840–1843), y exiliarse en 1840, intrigó-junto a sus más fieles-contra el gobierno espartista hasta su derrocamiento y posterior nombramiento de su hija a sus trece años como reina Isabel II de España.
    La Constitución de 1812 se publicó hasta tres veces en España —1812, 1820 y 1836—, se convirtió en el hito democrático en la primera mitad el siglo XIX, transcendió a varias constituciones europeas e impactó en los orígenes constitucionales y parlamentarios de la mayor parte de los estados americanos durante y tras su independencia. La Constitución de Cádiz de 1812 provocó limitar el poder monarca, la abolición del feudalismo, la igualdad entre peninsulares y americanos y finalizó la inquisición.

    Fuentes:
    Wikipedia